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9 de mayo de 2015

AJILLO DE ELÁSTICA

Lector: no busques en las enciclopedias culinarias este plato, ya que no lo encontrarías. El nombre del mismo fue una ocurrencia de mi abuela, que a veces era inventora de palabras, para designar las recetas que ella misma generaba o modificaba.

Conviene aclarar que la “elástica” era una clase de punto vistoso, hecho a máquina, con el que se hacían medias y calcetines en el siglo XIX y aún a comienzos del XX. Este tipo de prendas las llevaban los vendedores ambulantes o buhoneros y las ofrecían a los clientes de los pueblos -que no tenían las facilidades de compra que ahora tenemos-. También las llevaban los traperos, que recogían ropa vieja y, a cambio, facilitaban este tipo de prendas. En el traje típico de la Mancha, cubriendo las piernas de ellas y las pantorrillas de ellos, se pueden ver aún estas vistosas medias de punto elástico, que inspiraron a mi abuela la denominación (jocosa) que da nombre a esta receta.

La vista que el ajillo ofrece presenta el blanco de la patata mezclado con el rojo de unos pimientos y el verde de los otros, todo ello sumergido en un caldo trabado, con festival de pimentón y brillos refulgentes de aceite de oliva. Echándole un poco de imaginación y, sobre todo, si se estaba familiarizado con aquellas prendas coloristas de la época, la asociación resulta fácil.

El “ajillo de elástica” es un “machacón” pimentonado, al que se le han reducido las patatas para dar paso a la troupe de los pimientos asados, tal y como se preparan para elaborar el famoso “asadillo”, que puede degustarse en muchos bares y restaurantes manchegos. En este consagrado plato, se usan pimientos rojos pero, por regla general, alguno de ellos verdea, y luego, en el plato, contribuye a la deseada sensación de variedad y colorido. En nuestro caso, por aquello de acentuar la impresión de “elástica”, hemos asado pimientos rojos y verdes.

Nunca hubiera podido imaginar mi abuela que sus ocurrencias en la cocina llegarían a difundirse más allá del ámbito familiar. Supongo que si leyese este comentario y viese publicada su receta, sonreiría benevolente, complacida y satisfecha.

Y… ¿pide vino este plato? ¡Pues claro que sí! En especial si se le da un punto picante, por el procedimiento que mejor pudiera parecer (nosotros recomendamos las cayena triturada, que permite ajustar la dosis muy al gusto de cada cual). Y como la ocasión lo merece, seleccionaremos un vino  extraordinario, el denominado “cabernet de familia” de la pequeña bodega de Montalvo y Wilmot, ubicada en la casa rural “Los Cerrillos”, al pie de la presa del Pantano de Peñarroya, muy cerca de Argamasilla de Alba.





INGREDIENTES
  • 1 pimiento rojo
  • 1 pimiento verde
  • 3 patatas
  • 1 cucharada de pimentón de la vera
  • 1 cucharada de cominos
  • Aceite de oliva
  • Huevo
ELABORACIÓN

Colocar los pimientos en una bandeja de horno y untarlos con un poquito aceite de oliva con la ayuda de un pincel. 


Meter en el horno a 180º hasta que estén asados.


Quitarles la piel, cortarlos en tiras y reservar.


En una cacerola, poner a cocer las patatas junto con unos ajos.


Una vez cocidas, romperlas con el tenedor y añadirle una cucharadita de pimentón de la vera y otra de cominos. Remover para mezclar todo, pero con cuidado de no hacer puré las patatas.


En una olla de barro, poner las patatas, añadir del caldo de las patatas e incorporar las tiras que teníamos reservadas de pimientos asados.


Una vez que se vaya a servir, añadir un buen chorreón de aceite de oliva y huevo cocido para decorar.


¡LISTO PARA COMER!

NOTAS

1. Un buen acompañamiento para este plato son unos trocitos de panceta bien fritos.
2. Los pimientos pueden asarse sin aceite, pero se pelarán mucho peor.
3. Hay que tener cuidado de que queden trozos de patatas y no se hagan puré, para que pueden verse los distintos colores en el plato.
4. Como en tantos platos manchegos, este plato hay que comerlo mojando sopas de pan.